domingo, 15 de enero de 2012

José Manuel Arango (Colombia)




Un niño de la mano


Ese que pasa
llevando un niño de la mano.
Y a esta hora.
Y por estas calles.

No parece ser el padre,
hay algo en él de huidizo:
mira a un lado y a otro alerta,
va como quien cruza una ciudad enemiga.

Quizá el uso de un nombre falso,
de falsos papeles, no bastaba,
y el trecho a recorrer es riesgoso,
con ellos al acecho por todas partes.

Éste es mi voto: que no tenga tropiezo,
que el propio peligro sea su fuerza.
Si le dieron un niño para que lo resguarde,
si algo grave depende de él,
que se haga invisible para los que lo buscan.

Porque si lo distinguen está perdido.

no soy persona que no sepa
que en estos tiempos,
por estas calles,
a esta hora,

nadie es más sospechoso
que alguien que lleva un niño
de la mano.

viernes, 13 de enero de 2012

Emily Dickinson (Estados Unidos)




670

No es necesario ser un cuarto para estar embrujado
ni una casa,
el cerebro tiene corredores que superan
los lugares materiales

vale más encontrar a la medianoche
un fantasma visible
que afrontar en el interior
a ese huésped más helado.

Vale más atravesar galopando una abadía
apedreado
que encontrarse a sí mismo desarmado
en un lugar solitario.

Ese uno mismo, detrás de uno mismo oculto,
debe sobrecogernos más,
el asesino escondido en nuestro apartamento
será un menor horror.

El cuerpo busca un revólver,
echa el cerrojo a la puerta
presintiendo un fantasma superior
o más.